miércoles, 17 de febrero de 2016

Cuentos para el DÍA DE LA PAZ

UN CHOCOLATE MUY ESPECIAL


-¡Mami!, ¡Mami! hoy llegó una niña nueva a la escuela.
-Qué bien cariño, ¿jugaste con ella?
-No mami, la mordí.
-¿La mordiste? Pero, ¿Por qué lo hiciste? la niña nueva estará muy triste.
-Mami yo quería probarla.
-¿Probarla?
-Si mami, la niña nueva es de chocolate y otros niños la llamaron negra.
-¿De chocolate?, ¿negra? o cariño ya entiendo. Ven, acércate, siéntate junto a mi, quiero contarte una historia. Hace muchos años en un país muy lejano, existía una pequeña aldea, en la que sus habitantes vivían muy tristes, porque el sol cada día brillaba tan fuerte que sólo les quedaba la noche para poder salir fuera de sus casas. Los niños no podían ir a la escuela, los papás no podían ir al trabajo.
-Pero mami, hoy también brillaba el sol fuerte, y pudimos ir a la escuela.
-Tienes razón cariño, Pero en aquella aldea, además de brillar muy fuerte el sol, brillaba tanto que los campos estaban sin flores, los ríos se secaban y sus rayos tocaban en la piel de los aldeanos, les produjo unas quemaduras terribles, entonces un día una niña pequeña, como tú, le dijo a su mamá: -Mami esta noche buscaré al señor sol, y le pediré por favor que deje de quemar nuestros campos, de secar nuestros ríos y de dañar nuestra piel, él no me dará miedo, la noche me protegerá y yo me cubriré muy bien-. La niña subió despacito una gran montaña, esperando sin miedo a que el señor sol apareciera en el horizonte. -Señor sol, señor sol -¿Quién me ha despertado? aún no ha amanecido. La voz del señor sol era un poco ronca, pero la niña no se asustó y continuó llamándolo. -Señor sol, señor sol, por favor deje de quemar a mi pueblo. Entonces, el señor sol abrió sus brillantes y grandes ojos, sorprendiéndose al ver a la niña envuelta en telas de muchos colores despertando tan temprano. - ¿Qué haces aquí pequeña? ¿Por qué llevas esas telas? apenas puedo verte, ¿no tendrías que estar en la escuela? Entonces la niña le explicó con todo detalle el motivo de su visita. -Si me quito estas telas quemarás mi piel clara y me dolerá mucho. El señor sol se quedó muy pensativo y transcurridos unos minutos, a los que la niña espero pacientemente, el dijo: -Muy valiente y tienes un gran corazón, porque no sólo has venido por ti, así que voy hacerte un regalo. Buscó en un bolsillo y sacó de él unos bolsitos que entregó a la niña, diciéndole: -Mira dentro de estos saquitos, hay unos escudos mágicos que protegerán tu piel y a todos los habitantes de tu aldea, tu piel se oscurecerá y estará protegida de mis fuertes rayos. Para tus campos y tus ríos, mandaré a mis amigas las nubes para que preparen las estaciones de las lluvias y no se olviden de tu aldea. La pequeña agradeció al sol todos sus regalos y marchó rápido hacia la aldea. Al día siguiente todos los habitantes de la aldea ya habían puesto sobre su piel los pequeños escudos mágicos que los protegerían de los fuertes rayos solares, sus pieles se oscurecieron y estaban radiantes y la aldea volvió a la normalidad.
-Entonces, ¿mi amiguita viene de un país lejano?
-Cariño, sus abuelitos o sus antepasados vinieron de lugares donde el señor sol quemaba mucho y su piel se oscurece para protegerles, por eso tu pensabas que tu amiguita era de chocolate.
-Gracias mami, mañana le daré muchos besitos a mi nueva amiga, le pediré perdón y jugaremos juntas.
                                                                                           Autora: Eva María Riber Herráez




LA MAGIA ESTÁ EN LA SOLIDARIDAD


Había una vez... hace mucho tiempo, una hormiga. Un día que andaba de paseo por el campo quedó atrapada por una fuerte lluvia.
-¡Qué fuerte aguacero!, ¿Dónde podré esconderme?- dijo la hormiga
La hormiga divisó una hermosa seta y se metió debajo esperando que dejara de llover, pero la lluvia era cada vez más fuerte. Al poco rato llegó una mariposa con sus alitas tan mojadas, que ya no podía volar, se arrastró hasta la seta y dijo:
-Hormiguita, hormiguita, déjame entrar para cobijarme bajo la seta, estoy toda mojada, tengo frío y no puedo volar.
La hormiga le contesto:
-El espacio es muy pequeño, pero no importa estaremos muy apretadas pero en buena armonía.
La mariposa y la hormiga se cobijaron bajo la seta, mientras seguía lloviendo más y más. Al poco rato llegó un pequeño ratón corriendo y les dijo:
-Déjenme entrar debajo de la seta, estoy todo empapado.
La hormiga y la mariposa le contestaron:
-Bueno, casi no hay espacio, pero no importa nos apretaremos para que tu quepas.
La lluvia era cada vez más fuerte, parecía que no iba a cesar nunca. Y en eso llegó una paloma mojada y temblorosa, suplicando:
-Por favor déjenme entrar debajo de la seta, todas mis plumas están mojadas y mis alas cansadas.
El ratón le dijo que ya no había espacio y la palomita pidió que se apretaran un poquito y todos estuvieron de acuerdo.
En eso, llegó una liebre corriendo que gritaba:
-Escóndanme que me persigue la zorra.
Y todos los animales dijeron:
-Pobre liebre, vamos apretarnos un poquito más y así lograron ocultar a la liebre.
Acababan de esconder a la liebre cuando llegó corriendo la zorra. Y husmeando enfurecida dijo:
-¿Han visto ustedes a la liebre? ¿seguro qué no está escondida aquí?. Y la mariposa contestó:
-¿Cómo podríamos esconderla aquí si casi no hay espacio?
Así que la zorra miró a su alrededor y se fue corriendo.
Por fin dejó de llover y el sol volvió a brillar en el cielo radiante. Todos los animales salieron muy contentos de debajo de la seta. Extrañada la hormiga exclamo:
-¿Cómo es posible? apenas cabía yo solita debajo de la seta y luego resulta que había sitio para todos. En eso, una rana que había visto todo desde una piedra, se acercó a los animalitos y a la seta y les dijo croando:
-Amigos, no se dan cuenta que la magia está en la solidaridad, cuando nos ayudamos todo se resuelve.
                                                                                                                                  (De "Menudos peques")

sábado, 26 de diciembre de 2015

Cuento de Navidad


Después de todo ¡Es Navidad!
Cuento de Navidad

La casa había estado vacía y silenciosa largas horas, por lo que, Baguette; el cachorrito de la familia, se encontraba profundamente dormido enroscado en su sillón favorito, a ratos roncando a ratos lanzando gruñiditos; cuando, de repente, el ruido en la cerradura lo despertó de su profundo sueño haciéndolo caer de cabeza, quedando momentáneamente aturdido.
– ¡Mira qué lindo pino hemos traído Baguette!-dijo Beca, la pequeña que lo había recogido de las calles una lluviosa tarde de otoño-
El cachorrito se sacudió  y corrió a todo lo que le daban sus cuatro patitas para inspeccionar meticulosamente el inmenso árbol que la familia logró meter por la puerta con tanto esfuerzo.
Las suaves y fragantes ramitas le hacían cosquillas, pero aún así el perrito trató de mordisquearlas; por lo que Beca de inmediato le reprendió diciendo: ”¡Baguette malo! ¡El árbol de Navidad no se muerde, ni se maltrata!”
El animalito jamás había escuchado aquella palabra “Navidad” ¿qué quería decir? No lo sabía, pero sonaba linda, era una palabra dulce y tierna, una palabra que se le queda a uno en la boca como un caramelo, o como un poema… Navidad… sonaba a magia y alegría… ¿pero qué era Navidad? …
Entonces el perrito notó que toda la familia corrió escaleras arriba y claro, él, intrigado, los siguió.
La abuela Beba abrió el enorme baúl que descansaba a los pies de su cama y de ahí sacó una gran estrella de cristal cuidadosamente envuelta en un suave paño.
Bruno, el hermano mayor, sacó del ático varias cajitas que contenían coloridas esferas, algunas rociadas con brillante escarcha, otras decoradas con flores de nochebuena y algunas otras con un pequeño listón que completaba su belleza.
Beca y Varun, su padre, traían en brazos cientos de coloridos foquitos que comenzaron a enredar alrededor del árbol al tiempo que Brida, la mamá. Horneaba decenas de galletitas con forma de muñecos de nieve, pinos, estrellas y hombrecitos de jengibre.
La casa entera que momentos atrás estaba tan callada, ahora resonaba con risas y bromas mientras la fragancia del pino se mezclaba con la de la vainilla y azúcar que salía del horno, y el viento invernal golpeaba rítmicamente las ventanas como queriendo entrar y avivar el calor de la chimenea.
En un par de horas el árbol había quedado hermosamente vestido, y, coronando su belleza se encontraba la estrella de la abuelita que Beca había colocado cariñosamente mientras su padre la alzaba en hombros, acto seguido, cada miembro de la familia puso bajo las ramas los regalos que habían comprado, incluso había una cajita que decía: ”para nuestro Baguette con mucho cariño”.
Al ver eso, el cachorro quiso abrir la cajita, pero Beca lo tomó en sus brazos y haciéndole cosquillas en la barriga dijo: “no cachorrito, los regalos se abren hasta mañana, cuando sea Navidad”.
¡Otra vez aquella palabra! ¿Por qué era especial? ¿Qué quería decir? ¿Acaso significaba regalos, galletas y fragancias dulces? ¿Significaba adornos coloridos y platillos especiales en la mesa? ¿Navidad era foquitos brillantes por doquier y canciones alegres? … Baguette no lo comprendía, y hubiera dado cualquier cosa porque la niña pudiera entender sus ladriditos y gruñidos que no eran otra cosa que sus ansiosas preguntas.
Aquella noche la familia se reunió en torno de la mesa que había sido vestida elegantemente con un largo mantel tan rojo como las cerezas que adornaban los fragantes postres y velas altas y largas alumbraban cálidamente las copas en las cuales descansaba la burbujeante sidra.
– Gracias-decía papá Varun-por esta hermosa velada, por mi adorable esposa y mis hijos y por la abuelita.
– Gracias-dijo mamá Brida-por otro año juntos, por el amor de mi familia…y… gracias porque esta vez no se me quemó el pavo.
– Gracias-comenzó Bruno, el hermano-por mi hermanita que siempre me hace reír, por mi familia y por nuestros sueños.
– Gracias-dijo conmovida la abuela Beba-por ser tan afortunada en compartir otra Navidad con mis seres queridos.
– Gracias-decía emocionada la pequeña Beca-por todo eso, por mi hermoso árbol, por las galletas de mamá, gracias por la Navidad ¡y gracias por Baguette!
– ¿Y tú Baguette?-interrogó la niña mirando al perrito-¿por qué vas a dar gracias?
Pero el cachorro no podía poner atención a ninguna otra cosa que no fuera el enorme pavo que descansaba en el centro de la mesa y que provocaba que se le hiciera agua la boca.
– ¿Papá?-decía la niña- ¿podemos…?
– ¿Darle un trozo de pavo al cachorro? … pero… ¡claro, después de todo es Navidad!
Así que la pequeña le sirvió a Baguette un gran trozo de pavo en su platito y todos cenaron y charlaron muy contentos hasta el filo de la medianoche cuando se retiraron a dormir, no sin que antes Beca dejara en una charolita un montoncito de galletas y un vaso con leche cerca del árbol; por lo que el perrito de inmediato corrió hacia ellas siendo detenido en el acto por Bruno, que le dijo :”no Baguette, estas galletas no son para ti, son para papa Noel, para que coma algo cuando venga a visitarnos” y se llevó al cachorrito escaleras arriba depositándolo suavemente en su cama.
Luego de intentar por largo rato conciliar el sueño; Baguette decidió salir de la cama y dando sigilosos saltitos bajó las escaleras; toda la habitación se veía suavemente iluminada por las hipnotizantes luces del árbol… ¡qué alto y que grande era! ¡Y qué lindo se veía! Baguette se quedó mirando extasiado el pino y por fin se acercó y notó su reflejo en una de las esferas, se veía gracioso, y quiso morderla igual que mordía su pelota, pero entonces algo inesperado ocurrió ¡Baguette se hizo pequeñito! ¡Más pequeño que la esfera! ¡Y al tocarla con su húmeda nariz se metió dentro de ella! el cachorrito sintió que caía y caía pero al cabo de unos segundos aterrizó en algo enorme y muy suave… y rojo.
– Jojojo-se escuchaba- ¡por mis rizadas barbas! ¿Quién eres tú amiguito? ¿y por qué has caído sobre mi barriga? -aquel personaje de blancas barbas y traje rojo no era otro que el mismísimo papá Noel-
– Me llamo Baguette-ladró el perrito-
– ¿Baguette?-dijo intrigado papá Noel-¿y qué haces aquí hoy? ¿No sabes que es Navidad y es la noche más ocupada de todas para mí? Hoy no hay tiempo para atender visitantes.
– ¿Acaso tú me entiendes?
– ¡Jo jo jo pero claro que te entiendo! ¡Yo soy papá Noel y entiendo el lenguaje de los animalitos, los insectos, los humanos y hasta las plantas! ¡jo jo jo! Pero ahora debes regresar a casa cachorro.
Entonces papá Noel sacó una campanita dorada de su bolsillo y la hizo repicar tres veces, y como acto de magia apareció Bombón, uno de sus duendecillos ayudantes.
– Bombón hazme el favor de llevar a este perrito de regreso a su casa.
– ¡En el acto!
– ¡No! -ladraba con toda su fuerza Baguette-mientras corría como loco de arriba a abajo, de izquierda a derecha y en círculos hasta que se mareó y chocó contra el inmenso pino que adornaba el pueblecito de papá Noel haciendo que con el golpe se cayera la brillante estrella que alumbraba la punta y quebrándose en mil pedacitos-
– ¡Cosa más rara!-decía Bombón- ¡jamás en mi vida había visto un cachorro tan travieso!
– ¡Jo jo jo! ¡Ahora recuerdo! Tú eres el cachorrito que recogió Beca y si la memoria no me falla te comiste sus libros del colegio, dejaste sin calcetines a toda la familia, mordisqueaste el bastón de la abuela, no te dejas bañar, le ladras hasta a las hormigas, te robaste una galleta de la mesa cuando nadie te veía y… haces muy feliz a toda tu familia ¡jo jo jo!
– Lo siento-decía el perrito-no es mi intención ser así… Beca dice que no soy travieso, que sólo soy demasiado entusiasta… simplemente no lo puedo evitar, lamento haber roto tu estrella, pero si me acompañas a mi casa quizá la abuela tenga otra para ti en su baúl.
– ¡Jo jo jo! La estrella no me preocupa pequeño, Bombón lo arreglará en un santiamén… pero ¿por qué no quieres ir a casa?
– Bueno… ya que estoy aquí quisiera que me respondieras algo muy importante primero.
– ¡No, no, no!-refunfuñó Bombón mientras subía una larga escalera con otra estrella en las manitas-¡papá Noel no puede responder preguntas hoy! ¿Qué no sabes que mañana es Navidad?
– ¡eso! Yo no sé qué es Navidad.
– ¡Jo jo jo! No seas gruñón Bombón, siempre hay tiempo para responder ésa pregunta, después de todo ¡es Navidad jo jo jo! Verás pequeño-comenzó papá Noel mientras decenas de duendecitos acomodaban inmensas cantidades de regalos en su trineo y otros tantos alistaban a los enormes renos- hace muchos, muchos, muchos años, en una fría noche invernal una mujer dio a luz a un hermoso bebé en un humilde pesebre; aquél bebé era sumamente especial, era el niño Dios, aquel que vino a alumbrarnos con su amor y a darnos a todos y cada uno de nosotros una nueva oportunidad de vivir en paz y armonía y cada año desde entonces lo recordamos en esta fecha, Navidad, que quiere decir nacimiento, y así celebramos el nacimiento del niño Dios con suma alegría, regalos y en la compañía de nuestros seres queridos.
Después de escuchar aquella historia Baguette se puso triste, bajó sus orejitas y desenroscó su colita mientras suspiraba hondamente.
– ¿Y ahora qué te pasa?-decía intrigado papá Noel-
– Es que-sollozaba Baguette-mi familia ha sido muy buena conmigo, aunque soy travieso, hasta me compraron un regalo… y yo… yo no tengo nada que darles.
– ¡Jo jo jo! Pero la Navidad no se trata de regalos y fiestas, ni canciones y dulces, además el mejor regalo que puedes darles es tu cariño, yo he visto como acompañas a la abuela cuando está enferma en cama y como te preocupas cuando ya es muy tarde y papá Varun aún no llega de trabajar y como recibes con tanta alegría a Beca y Bruno cuando llegan del colegio, y como los haces reír e incluso ayudas a mamá Brida a hacer hoyos en el jardín para que plante ésas rosas que tanto le gustan. El mejor regalo de todos Baguette, no se puede comprar, el cariño es más valioso que cualquier otra cosa, ahora sube a mi trineo para llevarte a casa, con tu familia, donde perteneces.
Y, así, papá Noel y Baguette se enfilaron hacia el cielo y cuando llegaron a su casa papá Noel dejó al cachorro y regalos para todos, incluso uno de parte de Baguette.
– ¿Y qué regalo es ése papá Noel?
– ¡Jo jo jo! Uno muy importante perrito ¡calcetines nuevos para todos! ¡jo jo jo! Ahora regresa a tu camita.
– ¡Pero papá Noel! ¡Se te olvidan tus galletas!
– ¡Jo jo jo es cierto!-mientras papá Noel bebía la leche, Baguette miraba el plato de galletas con suma atención-
– ¿Me das una?
– ¡Jo jo jo! Por qué no, después de todo ¡es Navidad! ¡Jo jo jo!
Cuando terminaron de comer, papá Noel subió a su trineo diciendo:¡Feliz Navidad! ¡Y paz en la tierra a los hombres… y cachorros de buena voluntad! ¡Jo jo jo! ¡Feliz Navidad!
A la mañana siguiente, cuando la familia bajó para abrir sus regalos notaron a Baguette profundamente dormido bajo el árbol al lado de una esfera rota, trocitos de galletas y una caja llena de calcetines… ¡sin mordisquear!
– ¿Y ésos calcetines?-preguntaba papá Varun-
– ¡Seguro es el regalo de Baguette!-dijeron todos-mientras abrazaban a su cahorro travieso y él los llenaba de húmedos y escurridizos besos.
 Elizabeth Segoviano.



lunes, 2 de febrero de 2015

LEYENDAS DEL PIRINEO ARAGONÉS

Viejas y valiosas leyendas populares: LEYENDAS DEL PIRINEO ARAGONÉS

El nacimiento del Monte Perdido

     El Monte Perdido es la tercera cumbre de la cordillera pirenaica y es también el escenario de diversas leyendas. Entre ellas, quizás la más bonita sea la que alude a un Palacio Mágico que existe en su cima. Según cuenta la leyenda, este maravilloso Palacio fue construido en el origen de los tiempos por el mítico Atland, el cual hechizó la construcción para que no pudiera entrar cualquiera. Protegido por murallas y torreones de materiales pulidos, en su interior se cobijaba una vasta extensión de jardines y prados que evocaban el mismísimo paraíso terrenal. Pero el Palacio permanecía hechizado y tan sólo era posible entrar en él a lomos de un caballo volador.

      Otra de las leyendas en torno al nacimiento del Monte Perdido es aquella que cuenta que existía en los pirineos un ermitaño muy alto que prefería vivir alejado de la sociedad, por ello la gente le tenía un profundo temor. Un buen día, un cazador orgulloso decidió ir a cazarlo y darle muerte. Lo mató y cuando volvió al pueblo fue a contarlo a sus vecinos y en el preciso instante que daba la noticia cayó un rayo sobre él. Tras esto, de entre las nubes, apareció un monte, era el alma del ermitaño, y se llamó Monte Perdido.

     Otra interpretación de la formación de la mítica montaña dice que acudió un pobre mendigo a un pastor montañés y le pidió algo de comida. El pastor, duro de corazón, le reprochó que él también tenía hambre. El mendigo insistió y el pastor le dio la espalda, así que el mendigo le dijo “Te perderás por avaricioso, y allí dónde te pierdas saldrá un gran monte, inmenso, tan grande como tu falta de caridad”. Y dicen que se nubló el cielo, se espantaron todas las ovejas y el perro, lo perdió todo y él se convirtió en el monte perdido.



La montaña de Formigal

     Anayet y Arafita eran tal vez lo dioses más pobres de la montaña, les habían despojado de sus pinares y abetales, hasta sus ganados escaseaban en sus senderos, que se habían convertido en pasos de contrabandistas. Anayet y Arafita eran trabajadores, honrados y felices y tenían una hija preciosa, la diosa Culibilla a la que el cielo dotó de todas las bellezas y cualidades. Nada quería saber nunca de las pretensiones de todos los dioses pirenaicos. Sus mejores afectos eran hacia los corderillos que competían en blancura con los inmensos heleros y glaciales que rompían el verdor de sus montañas.Y más aún amaba a las humildes y trabajadoras hormigas blancas que durante el verano continuaban blanqueando la montaña, hasta el punto que Culibilla la bautizo con el nombre de Formigal.
 
   La tranquila paz se acabó el día que Balaitus se enamoró ardientemente de Culibilla. Balaitus era fuerte, poderoso, temido por todos y nadie se oponía jamás a sus deseos. Él amasaba las terribles tormentas del Pirineo y forjaba los rayos capaces de destruir todo lo que le apeteciera. Era violento como ninguno cuando se enfadaba y hacia correr sus carros por encima de las nubes, estremeciendo hasta los cimientos de las montañas.
     Culibilla lo rechazó, pero en mal momento ya que a él era la primera vez que lo rechazaban, y juró raptarla.
     En tres zancadas dicen que se presentó Balaitus ante Culibilla, decidido a cumplir su propósito. Las montañas todas estaban atónitas, sin atreverse a defender a la diosa. Y dice la leyenda que entonces Culibilla, al verse perdida, grito: ¡A mí las hormigas! A millares acudieron de todos los sitios las hormigas blancas que empezaron a cubrir a Culibilla ante los ojos de Balaitus que, horrorizado, emprendió la huida. Culibilla, en el colmo de la amistad y el agradecimiento, se clavó un puñal en el pecho para guardar dentro junto a su corazón a todas las hormigas: es el Forau de Peña Foratata. Y cuenta que los que suben al Forau de la Peña pueden claramente oír los latidos de Culibilla, la diosa agradecida. Y aseguran también que en Formigal, desde entonces, ya no hay hormigas blancas: todas las tiene ella.

sábado, 20 de diciembre de 2014

CUENTOS DE NAVIDAD

Cuento navideño para niños

de Dickens
     (Este cuento de Navidad fue escrito por Charles Dickens en 1843 y llevó el título original de Christmas Carol (cántico de Navidad) y cuenta la historia de un hombre malvado y huraño que cambia su forma de ser durante unas frías navidades debido a la visita de tres FANTASMAS).


     Ebenezer Scrooge era un empresario y su único socio Marley había muerto. Scrooge era una persona mayor y sin amigos. Él viva en su mundo, nada le agradaba y menos la Navidad, decía que eran paparruchas. Tenía una rutina donde hacía lo mismo todos los días: caminar por el mismo lugar sin que nadie se parara a saludarlo.
     Era víspera de Navidad, todo el mundo estaba ocupado comprando regalos y preparando la cena navideña. Scrooge estaba en su despacho como siempre con la puerta abierta viendo a su escribiente, que pasaba unas cartas en limpio, y de repente llegó su sobrino deseándole felices navidades, pero este no lo recibió de una buena manera sino al contrario, su sobrino le invito a pasar la noche de Navidad con ellos, pero él lo despreció diciendo que eso eran paparruchas. Su escribiente llamado Bob Cratchit seguía trabajando hasta tarde aunque era noche de Navidad, Scrooge le dijo un día después de Navidad tendría que llegar más temprano de lo acostumbrado para reponer el día festivo.

       Scrooge vivía en un edificio frío y lúgubre como él. Cuando ya estaba en su cuarto algo muy raro pasó: un fantasma se le apareció, no había duda de quién era ese espectro, no lo podía confundir, era su socio Jacobo Marley, le dijo que estaba ahí para hacerle recapacitar de cómo vivía porque ahora él tenía que sufrir por la vida que había tenido anteriormente. Le dijo que en las siguientes noches vendrían tres espíritus a visitarle.
     En la primera noche, el primer espíritu llegó, era el espíritu de las navidades pasadas, éste lo llevo al lugar donde él había crecido y le enseñó varios lugares y navidades pasadas, cuando él trabajaba en un una tienda de aprendiz; otra ocasión donde estaba en un cuarto muy sólo y triste y también le hace recordar a su hermana, a quien quería mucho.
     A la segunda noche él esperaba al segundo espíritu. Hubo una luz muy grande que provenía del otro cuarto, Scrooge entro en él, las paredes eran verdes y había miles de platillos de comida y un gigante con una antorcha resplandeciente, era el espíritu de las navidades presentes. Ambos se transportaron al centro del pueblo donde se veía mucho movimiento: los locales abiertos y gente comprando cosas para la cena de Navidad. Después lo llevo a casa de Bob Cratchit y vio a su familia y lo felices que eran a pesar de que eran pobres y que su hijo, el pequeño Tim estaba enfermo. Finalmente lo lleva a la casa de su sobrino Fred donde vio como gozaban y disfrutaban todos de la noche de Navidad comiendo riendo y jugando. Después de esto regresó a su cuarto.
       A la noche siguiente, esperaba al último espíritu, pero este era oscuro y nunca le llegó a ver la cara. Era el espíritu de las navidades futuras, quien le mostró en la calles que la gente hablaba que alguien se había muerto. Después lo llevó a un lugar donde estaban unas personas vendiendo las posesiones del señor que había muerto, y también le enseñó la casa de su empleado Bob donde pudo ver que su hijo menor había muerto y que todos estaban muy tristes. Por último, lo llevó a ver cadáver de este hombre que estaba en su cama tapado con una sábana, y al final, le descubrió quien era el señor que había muerto… Era él mismo, Ebenezer Scrooge.
       Cuando el despertó se dio cuenta que todo había sido un sueño y que ese día era día de Navidad, se despertó con mucha alegría, le dijo a un muchacho que vio en la calle que fuera y comprara el pavo más grande y que lo mandara a la casa de Bob Cratchit. Salió con sus mejores galas muy feliz porque podía cambiar y se dirigió a casa de su sobrino, al llegar lo saludó y le dijo que había ido a comer y estuvo con ellos pasándosela muy bien. Al día siguiente en la mañana le dio a su trabajador un aumento y desde entonces fue un buen hombre a quien todos querían. El hijo menor de Bob, el pequeño Tim, grita contento. ¡Y que Dios nos bendiga a todos!





El cascanueces 
y el rey de los ratones

     (El cascanueces y el rey de los ratones es un cuento de hadas que sucede en Navidad y que fue adaptado por Alejandro Dumas de la obra original de Ernst Hoffmann. Es uno de los ballets más representados y conocidos ya que Chaikovski puso música a esta obra y desde entonces se representa por todo el mundo).


     El granjero Stahlbaum y su señora celebraban una fiesta de Navidad. Clara y su hermano, hijos de Stahlbaum, estaban muy contentos. Clara esperaba impaciente al mago Drosselmeyer, su tío favorito, un fabricante de juguetes que siempre llegaba con alguna novedad.
      El mago llegó con su sobrino, Fritz, y una gran caja de sorpresas de la que fueron saliendo sucesivamente un soldado bailarín, una muñeca y un oso polar con su cría. Clara quería quedarse con la muñeca, pero su madre le explicó que es imposible.
   La niña comenzó a llorar desconsoladamente y Drosselmeyer sintiendo la pena de la niña, la sorprendió con un regalo especial: un gran cascanueces de madera. Su hermano recibió el Rey de los Ratones. En una pelea entre hermanos, se rompe el Cascanueces, pero Drosselmeyer, lo arregla con una venda y lo deja casi perfecto.

     Cuando la fiesta termina, los invitados se van y el pequeño Cascanueces se queda junto al árbol de Navidad. Antes de la medianoche, la niña baja para ver a su Cascanueces, pero al quedarse dormida comienza a soñar que todo cobra vida a su alrededor.
   El Rey de los Ratones y su banda de roedores  aterrorizan a la niña. Aparecen los soldaditos de juguete comandados por el cascanueces para defender a Clara; Fritz los ayuda como capitán de artillería y la niña se siente protegida por estos nuevos amigos. Sin embargo comienzan a perder la batalla. Clara se arma de coraje y lanza una de sus zapatillas al Rey de los Ratones. Lo derriba, el Cascanueces lo mata y los ratones huyen.
        Es entonces cuando el Cascanueces se transforma en un hermoso príncipe e invita a Clara y a Fritz a un viaje a través del bosque encantado. Al llegar al bosque, se encuentran con el rey y la reina de las nieves quienes bailan para ellos junto a los copos de nieve. La danza  se va convirtiendo en un torbellino y finalmente impulsa al trineo, con el príncipe, Clara y Fritz a bordo, hacia un lugar lleno de magia.

     Clara, Fritz y el príncipe llegan al reino de los confites, donde los recibe un hada. Allí el hada pide al príncipe que narre sus aventuras como Cascanueces y tras esto, comienza una fiesta maravillosa que culmina en un baile entre el príncipe y el hada. Clara y Fritz vuelven de regreso a la realidad en su trineo.